No me queda más que mostrarles pizcas de ese lugar del que provengo, enclavado en algún lugar del Sur lejano de nuestro País, olvidado por gobiernos y gobernantes, pero que no pierde la esencia de Ser. Entre calor y aguas frías los invito, y como dijo alguien una vez.. ¨El que va a Duvergé.. Vuelve Otra Vez!¨

noviembre 21, 2009

El Santo Cachón



Rufino Pérez Mella,
es un hombre jorocón,
en asuntos del comercio,
no lo tumba ni un ciclón”.

Como médico sabemos que cuando un ancestro muere, es porque el círculo de la vida indefectiblemente tiende a cerrarse (recordamos una frase en la película “En Busca del Valle Encantado” -“Piecito”- de Steven Spilberg).

Sabemos como investigador en el ámbito de la historia, que los hechos históricos suelen repetirse por la circunstancia que sea.


Las modas van y vienen.
El mundo tiene ciclos en su acontecer.
El final de la materia es relativo porque esa materia generó energía y la energía sólo se transforma. Con el vallenato “El Santo Cachón”, muy sonado y escuchado y bailado y tarareado, motivo del estribillo del momento; nos remontamos a la época en que Rufino Pérez Mella vivía en Duvergé cuando quien escribe era muchacho y luego adolescente.

Rufino Pérez Mella mi tío segundo, si no el más, uno de los hombres más ricos del municipio que tuvo para el 1o de mayo de 1961 la visita de Trujillo casi al borde de su ajusticiamiento; fue un personaje pintoresco en toda nuestra comarca. Con un nivel cultural a la sazón, más elevado que el de muchos, nivel alcanzado o forjado más bien como autodidacta, Rufino Pérez Mella se ufanaba -mostrando cicatrices- de haber peleado en contiendas intestinas. Siendo un ser inofensivo, recorría el pueblo exhibiendo revólver al cinto.

Se tornaba iracundo cuando los muchachos le voceaban: ¡Rufino casco e’ yeso!. Ignoraban que fue profesor entre otros puestos públicos que ocupara, y le debían mayor respeto. Su brillosa calva no era motivo para burlas (esto en otro ámbito socio-cultural).


Era de baja estatura, rechoncho, ojos glaucos, voz alta, un poco nasal.

Fue hatero en el otrora Las Damas. También comerciante con la peculiaridad de que cobraba tocando las puertas a sus deudores con su bastón casi siempre. Un perro muchas veces acompañaba al inquieto Rufinito. Honesto a carta cabal. Hizo su fortuna en base al trabajo fuerte, serio e incesante.

Se sentía orgulloso de ser descendiente de los “Pérez Capitanejo”. El que creía que iba a tomar un trago gratis -generalmente Pedro Domecq el que bebía de cuando en vez- en casa de Rufino Pérez Mella, se equivocaba rotundamente si no era de muy adentro de sus afectos.

El anecdotario de Rufino es inmenso.
Recuerdo cuando a quien escribe le llamaba “Mister Lucky” porque nuestra fisonomía le recordaba a un amigo anglosajón.

Cierta vez --cuentan--en la Era de Trujillo, a Rufino tocó expresar un discurso en Duvergé. Su esposa doña Teodosia, era analfabeta (sin ofender la memoria de esta noble y buena mujer de apellido Matos, oriunda de Las Salinas entonces de Duvergé).

Le pidió Rufino a su consorte le preparara un traje blanco para el evento. El que tenía un papel -su discurso- dentro de un bolsillo le dijo. Mas, no le especificó cual traje de los blancos que tenía.

Rufino en el podium, papel en mano, pecho inflado, se aprestaba a impresionar al auditorio.
¡10 libras de azúcar!
¡5 libras de sal!
¡Ay mujer del diablo! –exclamó al final.
¡Me dio el traje con una factura! -replicó.
¡Excúseme público, excúseme! –se disculpaba en forma lastimera.
¡Esa bruta, ya verá cuando llegue! –resoplaba muerto de la vergüenza.

Una sola carcajada, al unísono, a mandíbulas batientes, se escuchó. El auditorio en pleno reía. Rufino se había convertido en payaso por no ser previsor. Debió cerciorarse él mismo de que llevaba su discurso.

No se cuenta el escándalo que armó en su casa a su regreso.

Todavía en nuestros oídos resuena lo que decía el cantar popular:

Rufino Pérez Mella,
es un hombre jorocón,
en asuntos del comercio,
no lo tumba ni un ciclón”.

A cambio de que le tocaran, daba ron “lavagallos” a los músicos.

Rufino gustaba de la buena vida aunque nunca salió al exterior (por ninguna causa). Tomaba buen trago, comía bien (también permitía que en su casa otros comieran bien), tocaba su acordeón con mucha alegría frecuentemente y, en otro lecho solía dormir (acompañado de otra fémina por supuesto).

Rufino Pérez Mella era una figura de consulta obligada en Duvergé. A él acudían los oficiales comandantes de turno, otros comerciantes de la plaza o fuera de ella, etc., a buscar consejos u opiniones. Eso sí, los visitantes se convertían en fumadores pasivos de su túbano si no eran activos.

En su “consola” desde su casa escuchábamos a todo volumen los vallenatos que tanto disfrutaba y que a veces dando brincos solía bailar.

Su fiel Luis Lebrón a quien trató más que como sobrino como un hijo, disfrutaba con sus ocurrencias las que muchas veces compartía.

El destino inexorable, rubricó el fin de Rufino Pérez Mella. Una terrible enfermedad lo llevó pronto a la tumba. A él, siguió su esposa. Y sólo queda en su Duvergé querido su recuerdo que no lo borrará “ni un ciclón”.

Escribiremos más en otra oportunidad sobre Rufino

NOTA: Dos tumbas de dos esposos que no mimaron un hijo porque no lo procrearon, existen respectivamente en el cementerio nuevo de Duvergé, provincia Independencia, y en el de la Máximo Gómez en Santo Domingo, D.N. Son las de Rufino y Teodosia que el último secretario del primero (quien escribe), suele visitar cuando viaja al lar donde dió sus primeros pasos, y cuando va al referido cementerio de la capital de la República.

Lo del título sólo persigue que la sicología del pueblo devore este artículo. Sería un despropósito y un infundio pensar lo contrario.


Por el Dr. Rafael Leonidas Pérez y Pérez
Foto Propiedad de Duvergé Siempre

noviembre 20, 2009

Cuando era Muchacho


Todos fuimos niños y por ende tenemos muchas historias a cuestas. Por eso, con este post dejamos iniciada una serie que se llamará Cuando era Muchacho, espero que sea de su total agrado.

En mi niñez, no había nada que mi madre cocinara que no me gustara, y como en todo hay una excepción, había algo que no era de mi agrado: El Majarete. Ese postre preparado a base de maíz, no estaba dentro de mi lista de comidas preferidas, por lo cual mi mamá cuando hacia eso de cena, tenia que hacer otra diferente para este servidor, hasta un día.


Sucede que yo iba mucho a la casa de un amigo que tenía, que era vecino mio, y por ende su madre y la mía eran amigas. Una noche mi mamá fue a visitar a la madre del amigo mio, y adivinen a quien encontró sentado en la mesa con tremendo plato de Majarete. Si, están en lo cierto, a mi.


Les confieso que por el hecho ella no me dió una pela, pero durante los siguientes quince días, me hacia exclusivamente a mi, Majarete de cena. También les confieso que el de ella era y es mucho mejor que el de la madre de mi amigo, y hoy es uno de mis platos favoritos. Lo que quiero sintetizar con esto, es que a veces no valoramos los que los cercanos a nosotros hacen a nuestro favor, me consta que mi madre cuando me encontró en esa situación, no se sintió bien al ver a su hijo comiendo algo que en su casa despreciaba. Por eso, hoy no como Majarete que no sea el preparado por ella, y de nuevo les confieso, es el mejor del mundo. Los invito a probarlo.

Foto Propiedad de www.hola.com

Riquezas Desbordadas 2.0

Ya en temas anteriores, hemos hablado sobre el crecimiento del Lago Enriquillo, un experto presentó un análisis sobre eso, el gobierno dominicano prometió ayuda para la zona pero aún estas no empiezan a fluir, como dijimos anteriormente, no sabemos hasta cuando nos tendrán sumidos en ese abandono inmerecido por parte de las autoridades, solo nos queda seguir clamando en el desierto.














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